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La bolsa es un casino

Dos de cada tres adultos padecen de analfabetismo financiero. Permanecen ajenos a la comprensión de conceptos tan elementales como el interés, la inflación y la diversificación (1). Del tercio restante, solo una pequeña minoría adquiere nociones básicas sobre cómo funcionan las inversiones en el mercado de valores: modelos de negocio, cuentas de resultados, ventajas competitivas, valoración de empresas, etc.

Sin embargo, en reiteradas ocasiones, individuos con escasa preparación se animan a acudir en masa a comprar acciones de compañías cotizadas, arriesgando los ahorros familiares en la persecución de cantos de sirena. Hagan sus apuestas, señores.

Viejas noticias: la ingenuidad, el exceso de entusiasmo y la codicia desmedida conforman un cóctel destructor de riquezas desde que el hombre es hombre.

La bolsa puede convertirse un sitio propicio para atraer, endulzar y luego desplumar a inocentes palomitas, pero también a todo tipo de especuladores y adictos al riesgo en la búsqueda de retornos estratosféricos y, de paso, un poco de adrenalina.

Para colmo, del otro lado del mostrador (o de la pantalla) abundan estafadores, vendehúmos, payasos mediáticos, oportunistas e intermediarios honestos, pero generosamente incentivados. Estos personajes promueven y se aprovechan de la ilusión de un público que anhela fórmulas mágicas y promesas de dinero rápido y fácil, sin esfuerzos.

Ciclos

Esporádicamente, el comportamiento humano nutre de un optimismo generalizado a los mercados bursátiles.

El fenómeno ocurre cuando todo el mundo sale a comprar participaciones en las nuevas tendencias o en el memeinvesting de turno, suponiendo que sus cotizaciones no pueden hacer otra cosa más que continuar subiendo.

En consecuencia, se produce un crecimiento anormal, descontrolado y prolongado de precios, a tal punto que se alejan de sus valores reales.

Los inversores, cegados por la oleada de euforia desatada, infravaloran los riesgos al aceptar las nuevas narrativas imperantes sobre “cambios de paradigma” o “nuevos tiempos”.

Atracción fatal

Fuente: tendencias de búsquedas globales en google 2004-2021

Las rentabilidades anormales encantan a nuevos “inversores”, que se dejan arrastrar por la atmósfera creada. Inmediatamente prueban suerte y pueden conseguir retornos de doble dígito en cuestión de semanas.

Pocas cosas son más peligrosas que una inversión especulativa exitosa: malas decisiones que alimentan el ego y conducen a redoblar la apuesta con ciega confianza. Por algo Rockefeller vendía todo cuando se enteraba que su limpiabotas recomendaba acciones de bolsa.

Entonces es cuando empieza a resonar el clásico “esta vez es diferente”, de Sir John Templeton, las cuatro palabras más peligrosas en el mundo de la inversión. Sólo resta esperar un estadillo que haga tambalear los mercados, como una mala noticia sectorial, un cambio en las tasas de los bancos centrales, el inicio de un período de recesión económica o una serie de resultados de compañías por debajo de los pronósticos.

Tarde o temprano, se inicia el brusco descenso de la montaña rusa que acaba llevándose puestos a cuantiosos rebaños, junto con sus ahorros. Pero eso no es lo peor.

Lo peor

Este tipo de ciclos especulativos se repiten una y otra vez a lo largo de la historia. Expulsan al inversor saqueado, despertándole un miedo que lo empujará a huir y le impedirá regresar, por aquello de que “quien se quema con leche, ve una vaca y llora”.

Algunos se irán gritando que «la bolsa es un casino«. Otros retwittearán el mensaje. Y así se seguirá alimentando la imagen de un circo bursátil que mantiene alejados a innumerables ahorradores racionales ajenos a la industria.

La más grave consecuencia es que todo este ruido atenta seriamente contra la educación financiera. Tanto la suma de los fracasos individuales como los mensajes difundidos y la ridícula imagen proyectada, no hacen más que ahuyentar al gran público del método de inversión más sensato y rentable a largo plazo.

Por estos motivos, considero que lo mejor que pueden hacer quienes llevan un poco más de tiempo en este mundillo es contribuir al fomento de la formación, facilitando fuentes informativas de calidad, sugiriendo libros y otras bases de conocimiento, o respondiendo desinteresadamente inquietudes de quienes se acercan a la inversión en renta variable. Son pequeños pero generosos aportes que ayudan a contrarrestar los mensajes malintencionados o faltos de valor.

Enseñar a pescar es mucho más valioso que regalar el pescado, en especial en un mercado donde abunda el olor a podrido.


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Notas:

(1) Financial Literacy Around the World: INSIGHTS FROM THE STANDARD & POOR’S RATINGS SERVICES GLOBAL FINANCIAL LITERACY SURVEY. https://responsiblefinanceforum.org/wp-content/uploads/2015/12/2015-Finlit_paper_17_F3_SINGLES.pdf.

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