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¿Los buenos inversores son buenos comunicadores?

El mejor profesor de piano no suele ser el pianista más reconocido y talentoso. Lo mismo ocurre en otras disciplinas como en el golf, el ajedrez, las matemáticas o la literatura. Las inversiones no tienen por qué ser la excepción.

Las aptitudes pedagógicas frecuentemente se alejan de los logros alcanzados.

Inversores célebres

Por supuesto que hay salvedades. Warren Buffett, Peter Lynch y Philip Fisher, por citar algunos clásicos ejemplos, se destacaron no solo por sus resultados extraordinarios, sino también por la brillantez de sus enseñanzas. Supieron educarnos con la teoría y también con el ejemplo.

Los legendarios inversores de aquí y de allá a veces son injustamente cuestionados, e incluso burlados, porque parecen no adaptarse a las narrativas de cada época. Sin embargo, el tiempo reiteradamente les da la razón.

Sus cartas, sus libros y sus elocuentes frases son una fuente inagotable de sabiduría de la que beben generaciones enteras de aspirantes.

Inversores destacados

Por cada celebridad hay cientos (o tal vez miles) de inversores destacados cuya sabiduría no trasciende. Son pequeños campeones marginales que aprenden y ejecutan correctamente las lecciones para ganarle de manera sistemática al mercado.

Ya sea por preferencias de anonimato o por incapacidades para transmitir conocimientos e inspirar a terceros, sus virtudes a menudo se mueren con ellos.

Excepcionalmente, en las redes proliferan algunos de estos personajes de manera bienintencionada y laboriosa. Son aquellos que se limitan a publicar sus tesis de inversión concretadas, junto con sus retornos pasados. “Pasen, mírenme y cópienme si se atreven. Eso sí, primero lean mi necesario descargo de responsabilidad: esto no es una recomendación, investiguen, bla, bla bla”. Sus aportes resultan valiosísimos para el público, pero no dejan de ser peligrosos. Más de un fiel seguidor se circunscribe a reproducir sin más las movidas del influencer de turno.

Inversores formadores

Las habilidades comunicativas van por otro carril. Para hablar de inversiones y compartir conocimientos no hace falta contar con tanto laureles para hacer gala. Tampoco se necesita demostrar una extensa antigüedad en los mercados, la posesión de una enorme riqueza, la supervivencia a una calamidad y a un largo periodo bajista, una hiperactividad o una conducta ejemplar. Son otras las cualidades requeridas para investigar, analizar y divulgar grandes e inspiradoras ideas en el mundo de los negocios.

La sabiduría financiera puede proceder de múltiples fuentes. Por ejemplo, inversores particulares o profesionales, destacados académicos, autores de libros especializados o humildes blogueros, foreros, twitteros, youtubers, podcasters o participantes de cualquier espacio virtual a inventarse para compartir contenidos. Algunos de ellos están detrás de nuestros blogs favoritos en español y en inglés.

A veces las rentabilidades no los acompañan, aunque a largo plazo estén mejor preparados que quienes presumen retornos recientes de triple dígito en Twitter. Pero eso no alcanza para cambiar de bando. Les falta por lo menos uno de los restantes componentes del éxito: desarrollar y demostrar el comportamiento adecuado, el mero transcurso del tiempo o una pizca de viento a favor.

No siempre la pedagogía va de la mano con la práctica. Hay quienes poseen más facilidades para exponer ideas que para aplicarlas.

Con conquistas o sin ellas, los grandes comunicadores no necesitan credenciales para brindarnos sus valiosas lecciones.

Inversores desprevenidos

Por último, están los recién iniciados y quienes todavía no alcanzaron un nivel de conocimientos básicos, pero ya se aventuraron a invertir. También agrupamos aquí a aquellos que aprendieron bastante, pero de las fuentes incorrectas y, ya sea por gracia del destino o por suerte del principiante, todavía no se han estampado la cara contra la pared.

Comparten ilusiones e inmadurez. Tarde o temprano acabarán formándose o siendo expulsados del mercado.

En este grupo, abundan voces que nada aportan a sus colegas. Nada más que ruido, quejas, aplausos, burlas, posturas políticas, opiniones inútiles, gráficos de velas o filosofía barata. A lo sumo sueltan algún meme gracioso o la repetición de alguna interesante frase o punto de vista ajeno.

Tanta basura escrita y hablada, sumada a toda la que ya ofrecen los medios, los analistas, los opinólogos y los vendedores de humo hace que resulte imprescindible distinguir la paja del trigo. Da mucho trabajo identificar los pensamientos originales y valiosos de aquellos estériles o interesados.

Inversores exitosos

La buena noticia es que para lograr el éxito en las inversiones no hace falta convertirse en una celebridad ni destacar ganándole al mercado. Tampoco es necesario ser un gran comunicador ni absorber una enorme formación. El inversor exitoso puede permanecer ajeno a este circo. Solo le basta con elaborar un plan simple y ejecutarlo de la manera más automática posible, sin arruinarlo en el camino con un mal comportamiento.

La indexación, la inversión en fondos o los modelos como la cartera permanente (sobre la que reflexionamos aquí) son algunas posibles respuestas. Cada inversor debe encontrar la que le resulte más apropiada para su nivel de aversión al riesgo, dedicación, habilidades, horizonte temporal y preferencias.


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