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Saber más sobre inversiones no te hará más rico

Una de las creencias populares más extendidas entre las personas que se asoman al mundo de las inversiones es que se trata de una actividad que enriquece a quienes adquieren mayor sabiduría financiera. Se trata de una máxima alimentada por historias estelares, como el enorme patrimonio acumulado por Warren Buffett, las legendarias rentabilidades de Peter Lynch o las inspiradoras historias de Robert Kiyosaki.

Por supuesto que aprender sobre las características de los activos, los modelos de negocios o la valoración de empresas aporta habilidades que pueden contribuir al lucro. Sin embargo, el conocimiento acumulado sobre inversiones no es más que una pequeña parte de una ecuación financiera mucho más amplia, que incluye otros factores. Además, es susceptible de resultar neutralizado por diversos motivos.

Comportamiento

No es exagerado afirmar que la inversión exitosa consiste en aproximadamente un 20% de habilidades financieras y un 80% de comportamiento adecuado. Los sesgos emocionales y cognitivos atentan contra nuestros objetivos. Nos empujan a tomar las decisiones incorrectas. Nos conducen sistemáticamente a costosos errores.

Existe una enorme brecha entre la teoría y la práctica. Es posible que nos esforcemos demasiado en perfeccionar la primera, pero esta será completamente inútil si somos incapaces de ejecutarla correctamente.

Harry Markowitz fue reconocido con el Premio Nobel de economía por la creación de un algoritmo que calcula la ponderación óptima de acciones y bonos en la cartera, según variables como el retorno, la varianza y las covarianzas. No obstante, cuando un periodista, años después, le preguntó cómo invertía su propio dinero respondió que dividía su cartera mitad y mitad entre bonos y acciones, ya que las variaciones del mercado lo afectaban emocionalmente.

Este es un claro ejemplo de que lo más importante para lograr el éxito financiero no se enseña en ninguna universidad ni se basa en complejas fórmulas matemáticas que ameriten un galardón internacional. En finanzas, lo que es correcto y preciso desde el punto de vista técnico no resulta representativo sobre cómo nos comportamos en un mundo real que es complejo, impreciso y emotivo.

Unas nociones básicas sobre inversiones junto con un comportamiento correcto pueden conducirnos a grandes resultados a largo plazo. Mientras que un conocimiento avanzado sin la conducta apropiada nos llevará con seguridad a la ruina.

El buen comportamiento a veces tampoco es suficiente, incluso para las mentes más sabias de las finanzas. Aún las mejores ideas pueden fallar. Ya sea por errores de juicio o por simple aleatoriedad, muchas inversiones acaban mal.

Aleatoriedad

Los inversores intentamos elegir aquellos activos que lo harán bien, subestimando que mil cosas pueden suceder en el camino. Nadie se encuentra completamente a salvo de los fracasos o de los cisnes negros. Podemos intentar medir y mitigar los riesgos, pero es imposible saber con antelación si estos se materializarán o no. Y de ello depende, en buena medida, el éxito o el fracaso. La suerte juega un papel fundamental cuando ejecutamos nuestros planes de inversión.

“Todos tenemos un plan hasta que recibimos el primer puñetazo en la cara”, dijo Mike Tyson. La diversificación es el principal escudo para defendernos de los golpes que recibiremos en nuestras finanzas.

Saber más seguramente nos hará mejores inversores, pero difícilmente reducirá nuestra exposición a la aleatoriedad de un universo confuso e impredecible. Quien base su proyección de riqueza en sus habilidades inversoras debe saber que también queda expuesto a los caprichos del azar.

Ecuaciones

La acumulación de capital es el resultado de una fórmula simple, que incluye a la inversión entre sus componentes. Sin embargo, otros factores son más determinantes para el éxito financiero: ingresos, gastos y tiempo.

La abrumadora mayoría de las fortunas de este planeta se construyeron a partir de actividades empresariales. Incluso quienes se dedican a la gestión de patrimonios, incluido el gran Buffett, obtienen una considerable porción de sus ingresos mediante comisiones de terceros. La generación de ingresos es el factor que presenta la mayor capacidad potencial de multiplicar aceleradamente el patrimonio.

Por otra parte, el gasto es el único componente sobre el que tenemos un control total, una vez cubiertas las necesidades básicas. Aquí, el desafío es puramente psicológico: ego, autocontrol, hábitos financieramente saludables. Quien abraza la austeridad se acerca a pasos agigantados a libertad financiera sin aportar demasiada dedicación ni asumir grandes riesgos mediante emprendimientos o inversiones.

Sobre el tiempo no tenemos ningún control ni podemos operar demasiado, salvo comenzar lo antes posible para que la magia del interés compuesto aporte sus frutos lo antes posible. La composición es una maravillosa herramienta que está al alcance de todos y nos ofrece la capacidad de hacer crecer el capital exponencialmente a largo plazo. Este es el verdadero gran motor de la inversión exitosa.

Enriquecimiento

El conocimiento profundo sobre las inversiones difícilmente nos hará ricos. Puede ayudar. Puede resultar inútil, incluso prescindible. No existe una única manera de acumular riqueza.

Quien pretenda dominar el arte de invertir necesitará acreditar credenciales conductuales idóneas: paciencia, autocontrol, disciplina. Aun así, jamás podrá controlar o predecir el resultado de sus acciones, que siempre estará expuesto a una fuerte dosis de aleatoriedad.

En cambio, quien persiga la fortuna priorizando otros factores con mayor potencial (ingresos), con mejor control (gastos) o con éxito garantizado (tiempo), podrá relegar a la inversión como un elemento secundario de las finanzas personales. De esta manera, evitará perseguir rentabilidades extraordinarias, asumir riesgos excesivos y encarar esfuerzos descomunales. Podrá servirse de herramientas simples (como la indexación) para proteger el ahorro y hacerlo crecer lenta pero sostenidamente.

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