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Industrias de la atención

Nuestro mayor enemigo es el sueño (Reed Hastings, CEO de Netflix)


El negocio del entretenimiento no solamente lucha contra nuestras almohadas. Todo aquello a lo que le dedicamos atención durante las 24 horas diarias forma parte de una limitada, única y valiosa torta que se reparte entre múltiples competidores: los proveedores digitales de entretenimiento, información y otras hierbas (Netflix, Disney, Instagram, Whatsapp, Youtube, Twitter, Fortnite, sitios de noticias, etc.), los deportes que practicamos y vemos, el cine y el teatro, la tele y la radio, los libros y las revistas, el teléfono fijo (al menos mi madre lo sigue usando), los podcasts, nuestras relaciones sociales y familiares, este humilde blog, el psicólogo, el perro y, si sobra algo tiempo, el trabajo.

Se trata de un juego de suma cero (según la definición de Wikipedia, una situación en la que la ganancia o pérdida de un participante se equilibra con exactitud con las pérdidas o ganancias de los otros participantes). De esta manera, cuando emerge por ejemplo el TikTok de turno y consigue, al menos temporalmente, un pequeño hueco en nuestras vidas, alguien más tiene que ceder su trozo de pastel.

La plena atención de la humanidad en su totalidad es el producto de dos factores: las horas del día y la población mundial. El primero es estático. El segundo se incrementa marginal e irregularmente, pero casi ninguno de los competidores ayuda a que crezca, más bien lo contrario.

Multitasking

En el afán por ganarle unos minutos más a cada día, la multitarea se convierte en la norma. Gana adeptos (también detractores), pero no todos nuestros centros de atención son compatibles con esta capacidad. Es posible escuchar un podcast a 1,5x mientras conducimos o mirar las noticias en el móvil mientras paseamos al perro. Incluso hay quienes twittean mientras los defensas del Madrid se pasan en balón sin la presión del equipo rival. Sin embargo, todavía no conozco a nadie que sea capaz de mirar una película mientras lee un libro, aunque muchos quisieran.

Mientras los humanos no desarrollemos la facultad de partir al medio nuestra atención, el reloj seguirá limitando el pastel. Por lo pronto, la única respuesta viable es el zapping, procurando no engendrar el síndrome de desbordamiento cognitivo (“COS”: demasiadas cosas que hacer y poco tiempo), cada día más masificado.

Evolución

Los hábitos mutan generacionalmente de manera drástica. La atención de los adolescentes y la de personas mayores es captada por distintos actores. Incluso los intereses de esos mismos adultos suelen diferenciarse significativamente de los que tenían cuatro décadas atrás. De igual manera, resulta demasiado arriesgado intentar predecir los centros de atención de las próximas décadas, tanto para los jóvenes de hoy como para ellos mismos y sus descendientes del mañana.

Las disrupciones tecnológicas, los cambios de gustos/hábitos y la enorme competencia que no deja de proliferar se convierten en un combo explosivo de amenaza permanente para los actuales pretendientes de nuestros minutos. La revolución informática potenció demasiado la oferta. Mientras tanto, el crecimiento de la demanda se va agotando a medida que los accesos colonizan los últimos rincones del mundo vírgenes de internet.

Algunas de las ventajas competitivas son reales y duraderas: la propiedad intelectual de los personajes de Disney, el buscador de Google, el efecto de red de Whatsapp, la necesidad de dormir al menos unas horas, el fanatismo por un equipo o el amor por nuestra mascota. Difícilmente se erosionen. Al menos, en la presente década.

Invirtiendo en industrias de la atención

La cantidad de horas que los espectadores dedican al contenido está limitada por la cantidad de horas del día. Además, hay varias grandes empresas de tecnología y medios que ya están invirtiendo fuertemente en el espacio. Tienes algunos jugadores muy importantes que van a pelear por esos ojos. Hay personas muy inteligentes con muchos recursos que intentan averiguar cómo aprovechar otra media hora de su tiempo. No querría jugar en ese juego yo mismo. Dentro de diez años, cuando analicemos la entrega de entretenimiento, será lo que la gente quiera. Será en la forma que ellos quieran. Va a ser un partido muy, muy grande y muy disputado, y lo único que puedo garantizar es que el público será el ganador.

Warren Buffett, en referencia al negocio de TV de Apple

Seleccionar los atractores cognitivos vencedores del mañana se convierte en un enorme desafío con una industria que navega por aguas turbulentas. Los líderes actuales enfrentan, además de competidores que se multiplican y logran crecer exponencialmente sin barreras de entrada, a políticos de turno que afilan sus colmillos entrometiéndose con todo tipo de artilugios regulatorios, antimonopólicos, impositivos, tarifarios y hasta censuradores.

La mesa está servida. Queda a criterio del inversor apostar por su caballo favorito o mirar la batalla desde la barrera.

Descargo de responsabilidad

Actualmente no soy accionista de ninguna de las compañías mencionadas.

¡Gracias por tu atención!

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