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La paciencia en la inversión

Comprar precipitadamente y vender anticipadamente son errores frecuentes y destructivos para la rentabilidad de las carteras de inversión. El principal antídoto para ambos es el mismo y se llama paciencia, pero existe una delgada línea que separa actuar con ansiedad y dejar pasar una oportunidad.

El comprador

Una araña produce hasta seis tipos diferentes de seda con diversas utilidades, como hilar telarañas, envolver presas, construir los capullos para sus huevos, viajar. Las sedas pueden ser excepcionalmente fuertes, dependiendo de la especie y la edad de la araña, casi tanto como el acero. Cada telaraña se adapta al hábitat, estilo de caza y presas de su creadora.

Desarrollar una estrategia de inversión a nuestra medida y estudiar, seleccionar y valorar compañías son arduas tareas, que cuando se elaboran correctamente podrían asemejarse a la construcción de una buena telaraña. Lo que queda es sentarnos a esperar que se presenten las oportunidades de compra, sin desesperarnos.

Es posible que, el día menos pensado, algunas de las presas seleccionadas nos brinden una chance para incorporarlas a nuestra cartera. Al comienzo, posiblemente cacemos acciones que no sean las ideales, pero con el tiempo y manteniendo nuestra lista de compra actualizada, nuestra paciencia será recompensada con alguna de esas joyas que Míster Market nos ofrece con poca frecuencia. Típicamente, eso ocurre cuando hay pánico en las calles (burbuja puntocom, crisis financiera, ¿coronavirus?). A veces, también aparecen cuando las empresas presentan problemas que aparentan ser más graves de lo que realmente son, o muestran algún inconveniente de corto plazo que no afectará en el largo.

Cuando eso suceda, si nuestro trabajo está bien hecho y actualizado, será el momento de actuar con determinación. Será la oportunidad de envolver a nuestra presa antes de que huya, antes de que la oportunidad desaparezca.

La telaraña no se construye mientras pasa la mosca.

El vendedor

Hemos visto que los motivos para vender una acción pueden ser: admitir un error, detectar un cambio significativo en nuestra tesis de inversión o, excepcionalmente, encontrar una oportunidad mejor.

Mirar los precios de nuestras acciones ganadoras nos puede tentar a venderlas para asegurarnos una plusvalía, un éxito más a apuntar en nuestra lista de aciertos y quizás para presumir en twitter. La pregunta aquí es qué hacemos luego con el efectivo: ¿compramos una acción perdedora que suponemos que va a subir porque ya ha tocado fondo? ¿nos quedamos con el efectivo a esperar agazapados en nuestra telaraña?

Vender una acción que compramos para el largo plazo ante una mínima revalorización puede parecernos un triunfo fácil. Mirar su cotización al cabo de unos años puede constituir un acto de masoquismo.

Twitt de @BrianFeroldi (8/5/2020)

I bought $DXCM on 5/9/2008 for $6.67

Current price: $404.36.

That’s a 60X return.

The problem is, I sold them on 5/23/2008 for $7.69.

Dumb, dumb, dumb

Traducción: “compré Dexcom Inc el 9/05/2008 por $6,67. Precio actual: $404,36. Eso es un retorno de 60X. El problema es que los vendí el 23/05/2008 por $ 7,69. Tonto, tonto, tonto”.

El que espera desespera

Lo mismo puede ocurrirnos con aquellas acciones cuya cotización parece nunca subir, ¡incluso bajan!. Las miramos frecuentemente como se mira al asistente del odontólogo en la sala de espera, aguardando ansiosamente la señal de que ha llegado nuestro turno. La espera parece eterna y nos cansa. Repasamos una y otra vez la tesis y vemos que sigue intacta, no encontramos el error. Buscamos alguna validación online, alguna noticia relevante, pero nada nos parece indicar que estamos equivocados.

Mientras tanto, vemos que el SP500 y las acciones de moda del momento suben como la espuma. Llevamos ya tres años con la misma acción, el negocio marcha bien, pero la cotización sigue estancada. Pensamos: “si nos hubiésemos indexado, la rentabilidad hubiese sido del 30%”, “si hubiésemos comprado tal acción, ahora valdría el triple”. El cansancio nos empuja a vender. La paciencia llega a su límite.

Nuestro futuro en materia de inversiones está condenado si somos impulsivos e indisciplinados. Debemos ser pacientes para comprar. Debemos ser pacientes para no vender. La estrategia que siempre gana en el largo plazo es la del “Buyandholdista«.

La paciencia es una virtud

La paciencia es un medio eficaz para fomentar la riqueza y la prosperidad, tanto de manera individual como colectiva. Las personas más pacientes llegan a tener más éxito en la vida:

Charla TED: Joachim de Posada, Don’t eat the marshmallow

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