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Errores al vender acciones

En la entrada anterior, analizamos los motivos para vender una acción. Sin embargo, existen tres razones frecuentes, basadas en suposiciones, que empujan a los inversores a deshacerse de sus participaciones por error: que la acción está cara, que ya subió mucho o que el mercado va a bajar.

1- Una oferta que no pudimos rechazar

¿Venderíamos la casa de nuestros sueños si alguien nos ofrece un 10% más de lo que vale, sabiendo que será muy difícil conseguir otra similar a precio de mercado? ¿y por un 20% más? ¿Y por un 30%?

Nuestras empresas frecuentemente cotizarán en el mercado a precios superiores a lo que pagaríamos por ellas. Podemos suponer que están sobrevaloradas o darnos por satisfechos porque se ha cumplido nuestro precio objetivo.

Es imposible valorar con exactitud. Nadie puede hacerlo perfectamente. Las valoraciones se basan en expectativas de ganancias futuras que desconocemos y que dependen de múltiples variables. Por lo tanto, determinar si una acción está cara equivale poco menos que a adivinar el futuro. En conclusión, es una mala idea vender un negocio que sabemos con certeza que es extraordinario solo porque imaginamos sin ninguna posibilidad de precisión que su valoración es elevada.

Otro acto de pura ilusión extendido en la comunidad inversora es presumir que el futuro nos dará una oportunidad de volver a comprar nuestra empresa a precios más bajos. Las posibilidades de que esto funcione tienden a cero.

Las empresas de calidad frecuentemente superan las expectativas del mercado y por eso las oportunidades de comprarlas con rebajas son muy raras. Lo que nos parece una elevada cotización hoy en día, puede probarse que es perfectamente razonable en retrospectiva.

Lo más probable es que cada año que pase nos encontremos más lejos del precio por el que malvendimos y nos quedemos mirando de reojo las revaloraciones perdidas.

Por lo tanto, vender por valoración es una estrategia perdedora.

2- Ya subió mucho

Preguntemos a la dirigencia del Fútbol Club Barcelona si estaría dispuesta a vender a Messi, considerando que ya hizo mucho por el equipo y su cotización se disparó, y en su reemplazo comprar a un jugador mediocre (prefiero no dar ejemplos) que aún no demuestra su capacidad de aportar ningún valor al club. Suena a una locura, ¿verdad?

Lamentablemente, una idea bastante frecuente es que debemos vender aquellas acciones cuya cotización ya ha crecido mucho para comprar otras que todavía no subieron. Esto se ha denominado “efecto de disposición”.

“Los inversores individuales se encierran en el beneficio vendiendo ‘ganadoras’, acciones que se han apreciado desde que fueron adquiridas, y se aferran a las ‘perdedoras’ (…), de modo que venden las acciones que no deben y compran también las que no deben” (Pensar rápido, pensar despacio, Daniel Kahneman, 2.011).

Bajo este efecto, el inversor cae en el error de asegurar una plusvalía, eliminando la posibilidad de perderla en el futuro (si la acción cae) a cambio de una nueva apuesta por otra acción que considera que no va a caer más porque ya está barata. En realidad, lo que está haciendo es elegir aquella acción cuya expectativa de revalorización resulta inferior.

Entonces, vender por revaloración también es una estrategia perdedora.

3- El mercado bajará

Decir que el mercado bajará es tan cierto como decir que lloverá. En algún momento ocurrirá, pero nadie sabe exactamente cuándo.

También es cierto que el mercado volverá a subir, así como que también es verdad que dejará de llover. En algún momento ocurrirá, pero nadie sabe exactamente cuándo.

Ignoremos rotundamente todos aquellos mensajes que nos llegan avisando qué hará el mercado mañana, durante el próximo año o en la próxima década. Esto es impredecible para cualquier ser humano.

Sencillamente es ingenuo tomar cualquier tipo de decisión de inversión intentando predecir subidas o bajadas en la bolsa en cualquier plazo o período. Esperando la caída, nos perderemos las subidas. Aunque acertemos con las caídas, para obtener un beneficio deberemos también adivinar cual es el momento preciso para comprar. Y luego repetir el ciclo.

Si alguien cree que puede ganar en este juego, sería sensato advertirle que tendría mejores probabilidades jugando al color rojo en la ruleta del casino.

«Si el trabajo se ha hecho correctamente cuando se compra una acción, el momento de venderla es casi nunca» (Philip Fisher)


Fuentes:

Acciones ordinarias y beneficios extraordinarios, Philip Fisher, 1958

Pensar rápido, pensar despacio, Daniel Kahneman, 2011

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